Jones ha hecho mucho daño
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Cada vez que se descubre que un deportista se ha dopado pienso en el rival al que ganó. El daño sufrido es irreparable. Podrá recibir la medalla, podrá recibir el dinero del premio, pero nadie le devolverá el momento de gloria que un tramposo le robó. Esto se agrava aún más en los Juegos Olímpicos. Cuando uno compite en los Juegos las emociones se agigantan por tener detrás el sentimiento de todo un país; además, los Juegos se celebran cada cuatro años y nunca se sabe si habrá una segunda oportunidad. Las demandas que podrían presentar las rivales de Marion Jones por el fraude cometido le supondrían la ruina. Aunque es probable que se declarase insolvente. Hace cuatro meses declaró que sólo le quedaban 2.000 dólares.
Si es verdad que Marion Jones está en la ruina, su confesión me suena a que detrás podría haber alguien dispuesto a pagar mucho dinero para que contase todo. Su vida da para un libro. Jugadora de baloncesto primero, atleta después. Casada con un lanzador de peso, primero, que se dopaba; casada con el recordman mundial de 100 metros, después, que también se dopaba y con el que tuvo un hijo. De cobrar 80.000 dólares por una sola carrera pasó a ser repudiada por todos los organizadores. Cuando se planteó partir de cero y comenzar con humildad, dio positivo con EPO, aunque no fue sancionada porque el contraanálisis dio negativo. Y ahora que ya se ha hecho mayor y no tiene un duro, confiesa. Blanco y en botella.




