La llave la tiene Walter Di Salvo

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Las segundas partes siempre fueron buenas. Al menos, si hablamos del Madrid de Schuster. Los más desapegados de la estadística me dirán que los nueve goles marcados en los segundos tiempos sobre un total de 13 sólo suponen un registro numérico. Pero la lectura debe ser más profunda. En los proyectos de Queiroz, Luxemburgo y Capello el Madrid solía firmar arranques prometedores, para luego acabar con la soga al cuello y Casillas haciendo horas extras de vuelos sin motor. Esa inercia giró bruscamente el rumbo con el trepidante final de la Liga del Clavo Ardiendo. Pero en aquella ocasión todo obedeció a un arreón colectivo del blanco corazón de los jugadores, dispuestos a acabar con la efímera hegemonía del Barça del rey destronado (Ronaldinho).
Esos nueve goles postreros (Sneijder ha completado su póker en las segundas partes) obedece a una meticulosa preparación física con la que Walter di Salvo, científico italiano en la materia al que la plantilla admira, ha llenado de carburante el depósito de los pupilos del alemán. El Madrid acaba los partidos acorralando al rival, atosigándole con una fe y un despliegue físico admirables. Por eso marca el Atleti y se remonta, mete un misil Pedro López y Saviolita apuntilla en el último aliento



