Una Vuelta muy previsible
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La Vuelta, ciertamente, se ha animado en los últimos días. Tras dos semanas anodinas, la carrera emprendida por Sastre y Samuel Sánchez hacia el podio la ha dotado de cierto interés. Mas era una lucha por los puestos secundarios. El liderato de Menchov nunca peligró. Menchov va a ganar su segunda Vuelta sin que apenas le hayamos visto. Sólo ganó una etapa: la de Andorra. Y gracias, que en el ciclismo moderno ya no es necesario ganar etapas para llevarse una gran vuelta. Menchov ciertamente siempre estuvo ahí, atento en la cabeza, pero siempre tranquilo. Me da la impresión de que esta vez el recorrido ha fallado. Reconociendo que la carrera la hacen dura o no los corredores, creo que Olano hizo un diseño cómodo para el ciclista.
Tal es así que Menchov va a ser también el rey de la montaña. Ya es raro. El líder de una vuelta por etapas necesariamente queda siempre bien en la montaña, pero nunca va a por ella pues está obligado a reservar fuerzas para el objetivo superior que persigue. Se puede decir que cuando el vencedor de una vuelta gana además la montaña es una casualidad. No me creo que Menchov haya ido expresamente a por ella. Y que un belga, Van Goolen, haya sido segundo también es un dato para el análisis. Ha faltado pimienta para que esta Vuelta fuera algo más que la prematura subida a los Lagos, las cómodas ascensiones pirenaicas y las ya consabidas emboscadas del Sistema Central. Olano ha hecho una Vuelta demasiado previsible.




