Marcelino convence a la afición
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Algo ha cambiado esta temporada en los entrenamientos racinguistas respecto al año pasado. Es unánime la sensación de que ahora se trabaja con mucha más intensidad, con mayor atención al trabajo táctico y con un entrenador que busca la absoluta perfección y el automatismo en cada uno de los movimientos de presión que ejercen todas las líneas que componen el equipo. Es habitual verle subido al muro de las instalaciones de la Albericia o sentado en la grada del Sardinero para tener una mejor visión global del trabajo de todos sus jugadores, y echando un vistazo a las caras de los aficionados que acuden a las sesiones, te da la sensación de que están encantados de la nueva metodología, como diciendo: "Esto sí es entrenar"
Y ese gran trabajo se traslada al terreno de juego. Ya contra el todopoderoso Barcelona de Frank Rijkaard y sin tener a la plantilla al completo, todo el mundo vio que esta temporada va a ser muy complicado meter mano a la defensa del Racing. Pero claro, para ganar hay que meter goles, y la responsabilidad recae en el incombustible Munitis, y sobre todo en sus dos nuevos compañeros ofensivos: Tchité y Smolarek. Por ahora son un melón por abrir, pero con buena pinta. El Racing va a jugar sin complejos en el Vicente Calderón, eso está claro. Marcelino ya se encargó el viernes de trasladar la presión al conjunto colchonero, y en ese papel de guerrillero atrincherado con el cuchillo entre los dientes se siente como pez en el agua.



