Un estadio que nunca olvidaré
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El Calderón ha sido parte vital de mi vida. He ido creciendo en función de las alegrías que he sentido en sus gradas y soy hombre gracias a las desilusiones que me curtieron. La década de los 70, la asocio a la maravillosa máquina de Marcel Domingo. No se me olvidarán las citas ante Cagliari con Luis de trigoleador. El ambiente solidario ante el Celtic que nos dio el pase a la final de la Copa de Europa de Bruselas o cuando festejamos la Intercontinental ante el Independiente. Tampoco me olvido del doblete de Antic y las siete últimas temporadas son un calvario.
La nómina de ídolos y sueños futbolísticos, es inagotable: Gárate, Ufarte, Luis, Ayala, Leivinha, Becerra, Caminero, Simeone, Kiko,..., han sido mis cromos preferidos que me han permitido conocer a fondo lo bonito que es el fútbol y lo maravillosa que es una afición que ha tenido que llevar el sambenito de resignada a las derrotas. Una mentira inconfesable, ya que siempre por el Manzanares se ha disfrutado con las victorias y sobre todo con un fútbol de altos vuelos. La final de la Champions, y si encima fuera con la presencia del Atlético, sería el mejor homenaje a un grupo de gente que llegó llorando desde Cuatro Caminos y que ha conquistado la Puerta Toledo y aledaños con unos domingo especiales cuando sus calles se vestían de rojo y blanco. El propio Villar, vicepresidente de la UEFA, debería escuchar esta petición ya que no debe olvidar que estos estadios son los que han permitido que la gente disfrute con este deporte.




