La Selección se autoderrotó
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Perdimos nosotros. Perdimos, porque 59 puntos es una ridiculez. Esos 59 puntos suponen, de lejos, la anotación más baja de la Selección de Pepu. Hasta ayer estaba en 70. Precisamente en otra final, la del Mundobasket. Pero aquellos 70 puntos valieron un título. Los 59 de ayer dejaron una derrota y mucha amargura. Pero, reconozcámoslo, lo hicimos muy mal. Tan mal que después de un 15-4 en los primeros cinco minutos llegó la travesía del desierto: 44 puntos en 35 minutos. Resultó un partido extraño. ¡Cómo sería que Gasol, en su peor partido, acabó siendo un héroe! Sus 14 puntos y sus 14 rebotes le magnifican; sus nueve fallos en lanzamientos de dos y sus siete tiros libres errados le condenan. Pero fue el líder que dio la cara.
Hubo muchos culpables. Quizá porque nada funcionó. Las rotaciones no fueron eficaces y faltó la frescura a la que nos tenía acostumbrada la Selección. Mucho agarrotamiento y desaciertos por doquier. Navarro se quedó en cero puntos y Rudy sólo anotó un lanzamiento de jugada. Si encima atacamos con cuatro, porque Carlos Jiménez suma poco en esta faceta, pues el final se venía venir. Y si además en el último minuto se producen dos jugadas desgraciadas al fallar primero un pase Carlos Jiménez y después perder el balón Gasol, que significaron sendas canastas rusas, pues peor aún. Y para remate, el tiro a la desesperada de Gasol que podía entrar o no. Y no entró. Así de sencillo. La Selección ya es vulnerable. Lo peor es que por deméritos.




