Símbolos, parches y banderas
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Me gustan las banderas en su contexto. Me gustaba la bandera de España que adornaba las medias negras de la Selección. Y me gusta que los campeones de Italia luzcan la bandera de su país, ya sea en forma de Scudetto o de diana. Porque me gustan los símbolos, la liturgia del deporte. Por eso mismo me gusta que los campeones del mundo se coronen con una estrella y que los equipos italianos se ganen el derecho a coser otra sobre su escudo cada vez que ganan diez títulos. Eso debería haber copiado el Madrid, en lugar de haber exhibido la pasada temporada esa medalla complaciente que recordaba lo que nadie olvida, que fue el mejor club del siglo XX.
Ahora el Madrid, en sus partidos de Champions, mostrará una bandera española en la manga. Creo que hubiera sido mejor lugar el brazalete del capitán, pero en nada debería molestar la exhibición en un torneo internacional. También lo hace el Sevilla. Y también lo hará en la UEFA el Atlético, que no se quita la bandera para jugar en la Liga. El Barcelona luce de forma permanente la senyera y el Mallorca su enseña regional. Personalmente prefiero las camisetas clásicas y sin parches, pero la proliferación no es inquietante mientras las banderas no se utilicen o se sientan como elemento de exclusión. No me preocupan tanto las banderas como los palos que las sujetan.



