¿Por qué somos del ciclismo?

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El tormentoso presente del ciclismo me transporta a los recientes tiempos oscuros de otra de mis debilidades, el Atlético de Madrid. "Papá, ¿por qué somos del Atleti?", decía un famoso anuncio publicitario para explicar lo inexplicable. "¿Por qué nos gusta el ciclismo?", es la cuestión que, entre tanta turbiedad, debemos responder ahora reiteradamente los aficionados. Pues nos gusta, entre otras cosas, porque nos permite viajar sin mover el trasero del sofá a algunos de los más bellos parajes como los Alpes, los Pirineos o... La Palombera, el puerto que ayer condujo al pelotón hasta Reinosa.
Nos gusta el ciclismo porque, igual que el Atleti, es como la vida misma:sonrisas y lágrimas, caídas y remontadas, solidaridad y egoísmo, tramposos y honestos... El Real Madrid o el FC Barcelona son Disneylandia, pero a Mickey Mouse no lo encontrarás nunca subiendo La Palombera o el Galibier. También nos gusta el ciclismo porque nos permite disfrutar de campeones como Óscar Freire, que no necesita poderes extraordinarios para ser un superhéroe como Spiderman o Batman. Freire es hijo de un sindicalista y un hombre del pueblo, criado en el modesto barrio de Covadonga, en Torrelavega. Por eso soy del ciclismo... Y del Atleti.



