¡Pero qué buenísimos son!
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Definitivamente son muy buenos. Una obviedad tratándose de los campeones del mundo, pero como el año pasado pusieron el listón tan alto sería razonable pensar que quizá este año el rendimiento de los jugadores no fuera tan extraordinario, aunque sólo fuera por un exceso de confianza. Pues resulta que no, que esta Selección de baloncesto se supera en cada partido. Maravilla, cautiva y, naturalmente, gana. Gana con tanta diferencia que sus partidos son singulares. Ese griterío tan característico en el baloncesto para aturdir al rival cuando ataca, no se escucha en los partidos de España. El rival queda desconcertado. Ataca y el público no le chilla. Hasta sus canastas no molestan al público. Para nada. Contribuyen al espectáculo.
Y eso que ayer Letonia no era fácil. Tampoco es que fuera un rival de cuidado, pero sí apunta a equipo revelación. No perdió ningún cuarto ante Croacia y frente a España sólo cedió uno con rotundidad, el tercero por 29-19. Pero a ver quién frena a España en un partido que al contrario se le hace interminable. Puede aguantar al principio como ayer Letonia. Con nada menos que quince faltas en el primer tiempo, confiado en el desacierto que mostrábamos en los tiros libres, como así sucedió en ese periodo (58% de acierto). Pero la carga de faltas se acaba pagando. Todo lo contrario que la Selección. Las rotaciones de Pepu impiden que alguien se cargue de faltas. Y así todos juegan y todos suman. Resultado: un equipo demoledor.




