La mujer española tiene casta
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Medalla para Mayte Martínez, medalla para María Vasco, octavo puesto para Rosa Morató, Ruth Beitia e Iris Fuentes-Pila clasificadas para las finales de mañana... En cuanto a resultados, nuestro equipo femenino nada tiene que envidiar al masculino en estos Mundiales de atletismo, que lleva la medalla de Paquillo y los séptimos puestos de Casado, Quiñónez y Eliseo Martín, al margen de lo que pudieran haber hecho los marchadores esta madrugada o como quede España el domingo. La mujer española lleva años siendo tan competitiva, o más, que el hombre. Muchos entrenadores dicen que, a igualdad de condiciones, la mujer depara mejores resultados. Es más disciplinada, más cuidadosa y como salga con casta, arrasa.
Acordémonos de Arantxa Sánchez Vicario o de la misma Marta Domínguez, ausente en estos Mundiales. María Vasco sigue esta línea. Las tres rusas se escaparon de salida y llegó un momento en el que se iba a por ellas o perdería absolutamente todas las posibilidades de podio. Y a por ellas que se fue. Se enfrentaba a una persecución en solitario -ninguna otra atleta se decidió a acompañarla- con dos graves riesgos: la descalificación o que se quedara sin fuerzas en el empeño. Eso o nada. Quedarse quieta atrás le podía asegurar el cuarto puesto, ¿pero había ido hasta Osaka para ser cuarta? De ninguna manera. Miró el cronómetro y se puso a ritmo de ataque. Eso es tener casta. Eso es ser competitiva. ¡Así se ganan las medallas!




