Schuster sube la persiana

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El aterrizaje de Schuster en el Bernabéu ha llegado plagado de buenas noticias. Primero, rescató el buen fútbol para ese ojo crítico que llegó a perder la esperanza cuando los dobles pivotes poblaban la terra.... Segundo, ha decidido que de nuevo se abran las puertas de Valdebebas a sus verdaderos dueños: los aficionados del Real Madrid. Capello, con su habitual política del avestruz, decidió tras el batacazo de su equipo en Riazor (7 de enero) enclaustrar a los suyos aumentando la distancia entre un Madrid desnortado, en aquellos momentos de ira y confusión, y unos fieles que estaban a punto de perder la fe en su tropa. Recuerdo una fría mañana de febrero en la que mis amigos de la Peña de Albox acudieron en tropel para ver a sus ídolos y un vigilante de seguridad los echó de mala manera. Así era el Madrid de Capello. Con las persianas bajadas y repartiendo peinetas a su pueblo.
Schuster es de otra pasta. Alemán sin complejos, con sangre adoptiva de Jerez y flema castiza de Madrid. Mezcla perfecta. Bernardo reunió ayer a más de 40 madridistas ávidos de prolongar ese idilio que se inició con su equipo en el derbi de la ilusión. Aquello fue mágico. Mucho más que una victoria. Y Schuster tiene mucha culpa de ello. No tiene nada que esconder. Por eso lo de ayer no será una excepción. Se acabó el barbecho. La prueba está en la calle. Apenas hay ya discusiones de tráfico...



