Mayte: la carrera perfecta
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Mayte Martínez ya ocupa un lugar en la élite mundial del 800. Una élite en tiempos un tanto oscura. Tiempos aquellos de Jarmila Kratochvilova y de rusas capaces de correr en 1:54, marca a la que ya ninguna mujer es capaz de asomarse. Ahora son tiempos donde la cada vez mayor presencia de las distintas razas de la mujer africana (nada que ver Jepkosgei con Benhassi y ésta con Mutola) va imponiendo su dominio ante las rubias walkirias europeas. Desde ayer, entre unas y otras, se ha colocado Mayte Martínez. Tremenda la carrera que hizo. Fue la carrera de su vida. La carrera perfecta. Un carrerón. Cómo sería que sin necesidad de batir el récord de Mayte Zúñiga alcanzó la gloria que a ésta tantas veces se le negó.
Para ello tuvo que salir una final con un ritmo diabólico: 56 segundos en la primera vuelta. Nadie podría aguantarlo. Doblar la distancia supondría alcanzar la meta en 1:52. Ni Kratochvilova. Mayte no cometió la locura de meterse en esa batalla. La suya no era no por las medallas, sino quedar lo mejor posible. Ella, atrás, aguardando que el depósito de gasolina de las más ambiciosas se fuera vaciando. A tales velocidades el consumo tenía que ser enorme. La recta se le iba a hacer interminable a más de una. Pasaría como en los 400 metros: no gana quien más corre, sino quien menos decelera. Y cuando quienes iban por delante comenzaron a entrar en reserva, Mayte aún conservaba fuerzas. Su casta hizo el resto. Resultado: una medalla de ley.




