La maratón fue una lotería
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Competir a las siete de la mañana es un crimen. A las siete de la mañana el cuerpo no está para nada, por muy deportista que se sea o por mucho que se haya levantado a las cuatro para desayunar algo y hacer unos estiramientos. Y peor aún si para el organismo las siete de la mañana son las doce de la noche, que a los ciclos circadianos no se les puede engañar tan fácilmente por mucho que intentemos adaptar los biorritmos al horario japonés. Y encima hay que salir a correr bajo la amenaza del código negro del que nos habla Delmás. Pues si usted es maratoniano de los buenos, lo mismo dice que en esas condiciones no compite. Elegirá Londres, Rotterdam, Berlín, etc, donde se dan condiciones normales y además se cobra más.
Eso es lo que hicieron la mayoría de los mejores maratonianos. En los Mundiales sólo salieron tres de los diez primeros del ranking. Correr una maratón bajo las circunstancias apuntadas se convierte en una lotería. Y así quedó reflejado en la clasificación. Sólo el segundo clasificado hizo honor a su liderato en el ranking del a los demás consiguieron puestos insospechados: el ganador fue el 29º clasificado del ranking mundial; el tercero, el 13 el cuarto, el ¡235 el quinto, sexto y séptimo no habían corrido este a el octavo, el 52 el noveno, el 189 el décimo, nuestro Chema Martínez, el 30º. Los marchadores, por cierto, salieron anoche a la una de la madrugada, ocho de la mañana en Japón. Otro crimen. Mas ellos no tienen donde elegir.




