Extremo Oriente se nos niega
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La cuenta atrás para los Mundiales de atletismo ha empezado. Comienzan el próximo sábado, pero al celebrarse en Osaka todo se prepara con mucha antelación. Nuestros atletas, por ejemplo, ya están allí. Hay que adaptarse al nuevo horario y aclimatarse a la humedad extrema, aunque a esto nunca se acostumbra uno. Unos campeonatos en Extremo Oriente siempre suponen una complicación. Los atletas suelen acusar, además, falta de ritmo en la competición porque al tener que viajar con tanta antelación no pueden competir en los últimos diez días. Todo esto tiene unas consecuencias claras en nuestros atletas. En los Mundiales de Tokio 91 sólo consiguieron una medalla, y en los Juegos Olímpicos de Seúl 88, ninguna.
No puede ser casualidad que nuestro peor balance en los Mundiales y el peor desde 1980 en los Juegos fuera en Japón y en Corea. Sólo del viaje cuesta recuperarse. Un viaje, por cierto, infernal. Comenzó ayer a las seis y media de la madrugada, por lo que hubo que levantarse dos horas antes. Llegada a las nueve a Frankfurt, nuevo avión a mediodía hacia Singapur, llegada a las doce de la noche, otro avión a las dos y media de la madrugada (en horario español) y llegada a las nueve de la mañana a Osaka, donde ya era por la tarde. Esto sí que merecía una queja de Martínez. A los atletas no se les pueden poner encima dificultades en el viaje. Para ir a Osaka tampoco hay que recorrer medio mundo. Basta con una escala en París o Milán.




