El dopaje llega al atletismo iraní
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Veintidós atletas han sido sancionados en el último trimestre por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF). No me refiero a los últimos casos de atletas campeones y célebres cuyos positivos causaron gran escándalo, sino a los veintidós expedientes cerrados y sentenciados, la mayoría de ellos correspondientes al año pasado. Sorprende que en esta relación haya ocho atletas de un mismo país: Irán. Ocho atletas que dieron positivo en los campeonatos de su país y a los que los médicos de la IAAF encontraron fármacos prohibidos en sus organismos. Ningún atleta era de élite, ningún atleta iba para campeón olímpico; ni siquiera tenían nivel para alcanzar las marcas mínimas que se exigen en unos Juegos.
La lucha antidopaje extiende sus redes por lugares insospechados y a veces hace una pesca insospechada. Atletas que utilizan fármacos que dan positivos de libro, anabolizantes de épocas anteriores procedentes de las extintas URSS y RDA. Pues ahora andan por ahí, por países de difícil control y cuyos atletas los utilizan vaya usted a saber para qué. Caen a las primeras de cambio. El dopaje sigue siendo una plaga a todos los niveles, una industria que saca provecho hasta de los productos ya retirados del mercado. No todo son fármacos de última generación e indetectables en los controles, ni tampoco son exclusivos de los mejores deportistas. Un negocio como el dopaje alcanza todos los niveles, hasta los del modesto atletismo iraní.




