La FIBA debería ser implacable

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El jueves tuve el placer de compartir mesa y mantel con José Manuel Beirán (plata olímpica en Los Angeles'84) y Rafa Jofresa, histórico base de la Penya y del Barça. Tras los postres me dijeron: "Nos vamos a ver el Lituania-Serbia. Ojalá no haya tongo, pero no nos fiamos de ellos". Sospechas confirmadas cuatro horas más tarde. Lituanos y serbios se conjuraron para echar al anfitrión y encontrar una autopista sin tráfico hacia la medalla de oro. Los dos últimos ataques de los serbios resultaron sonrojantes. Los lituanos se apartaron y hubiesen repetido la autocanasta de Ferrándiz si hubiese sido necesario con tal de conseguir su objetivo. Se salieron con la suya, pero da pena que críos de 17 años sean capaces de recurrir a las trampas para cantar victoria. A esa edad debería estar prohibida la picaresca. Los dos seleccionadores deberían ser sancionados de por vida.
Además, los serbios han sido unos desagradecidos. El Europeo Cadete del año pasado en Jaén nos dejó un España-Italia en el que los nuestros podían perder hasta por 30 puntos sin que corriera peligro su clasificación. La derrota dejaba fuera a Serbia. Pues España, dando una lección, ganó a los italianos y los yugoslavos acabaron bronce. Ya sé que lo que debió hacer la España del gran Ricky Rubio es vencer a Serbia y no depender de nadie. Pero eso no justifica el pillaje moral sobre la cancha. El deporte a esas edades debe ejemplarizar. En la grada había niños. Y les enseñaron que vale hacer trampas. ¡Castíguenlos!



