Vestidos de oro por primera vez

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La Selección española se vestía de oro por primera vez. Teníamos ganas. Desde el 3 de septiembre de 2006, tras el repaso a Grecia, el traje de campeón del mundo dormía al fondo del armario. Tras once meses de premios y demás homenajes, tras semana y media de concentración en Cádiz, tocaba jugar. Tocaba divertirse, que no es otra cosa que la razón de ser de esta Selección hilvanada de Portland a Málaga, de Toronto a Madrid. Incluso cuando han estado separados, nuestros chicos de oro no han dejado de recordarnos lo muy unidos que están. Sacar conclusiones de este primer test es jugar a adivinos, porque sólo Pepu tiene clara la receta de la Selección 2007. Lo tiene tan claro que para el debut frente a Venezuela apostó de inicio por el quinteto que está en boca de todos: Calderón, Navarro, Jiménez, Reyes y Gasol.
Y para no dar pistas, repitió algunos de los guiños que tan buen resultado dieron en el inolvidable Mundial de Japón, como el de poner juntos en cancha a Sergio Rodríguez y Rudy Fernández (Zipi y Zape siguen jugando como quien juega a la playstation) o a Carlos Cabezas y Berni Rodríguez, ese tándem al espeto que tanto muerde atrás. Y adelante. No podemos pedir al primer amistoso (quedan otros siete antes del debut en el Eurobasket) más que lo que ayer nos regaló en Jerez: un lleno en la grada, una victoria (93-69) y una afición ilusionada como si aquí no se hubiera ganado oro alguno. Como si hubiera que enamorarla como el primer día.



