El mundo no se acaba si se marcha

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Comprendo que Daniel Alves se quiera marchar al Chelsea. El club inglés le ha hecho una propuesta impresionante de 6,5 millones de euros anuales y cinco temporadas que el Sevilla, ni por asomo puede igualar. Pero lo que no puede pretender el jugador es que José María de Nido le venda a precio de saldo. No obstante, el máximo dirigente sevillista debe aferrarse a una realidad: cuando un futbolista se quiere marchar, se va, y nadie lo puede impedir porque hasta las leyes de la FIFA le amparan. El propio equipo de Nervión se ha beneficiado sin ir más lejos en el caso De Sanctis. Rescindió de manera unilateral porque le quedaban con el Udinese menos de los tres años, límite para ir a un equipo de otro país pese a tener contrato en vigor. Y se llevó a un muy buen portero.
Si el Sevilla no hubiera vendido a Baptista al Real Madrid por 24,5 millones de euros, se habría marchado al Arsenal por sólo tres; pero en todas partes cuecen habas. Ronaldo se quería largar de Chamartín, y no paró hasta conseguirlo; Ronaldinho parece harto del Barça y terminará en el Mil si Kaká quisiera estaría en el Bernabéu... pero lo que me queda de esta exigencia de Alves es cierto desagradecimiento para un club que le sacó del anonimato (no le conocían ni en su país) y le dio la oportunidad de mostrar que es un grandíismo futbolista. Daniel se irá. Del Nido sacará un pastón por un futbolista que sólo le costó un millón de euros y la vida seguirá, pero, como me decía un ex futbolista amigo mío, "¡qué egoístas son los jugadores". ¡País!



