Veinte años después de la pesadilla

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Vuelen conmigo en la máquina del tiempo. 20 de abril de 1988. Millones de madridistas lloramos de rabia. La injusticia duele. Aquel equipo de ensueño no merecía un castigo tan cruel. Van Breukelen convertido en un pulpo con diez brazos, capaz de repeler una chilena antológica de Hugo Sánchez. Tampoco olvido un cabezazo picado que le sacó a Butragueño, un tipo con clase capaz de jugar con toda clase de tipos. El PSV esterilizó ese año tres eliminatorias inolvidables en las que mi Madrid se pasó por la piedra al Nápoles de Maradona, al Oporto de Madjer y al Bayern de Matthäus. El segundo mejor Madrid de la historia debió levantar la Séptima sin esperar al Mesías Mijatovic.
Aquel mezquino PSV de Koeman se llevo aquella Copa de Europa sin ganar un partido desde cuartos de final. Deleznable. Por eso, aunque Higuaín sólo tenía entonces cuatro meses de vida, pido al Madrid de Schuster que hoy aplaste a ese PSV que profanó la historia y deprimió a una generación irrepetible que no olvida los felices 80. Sólo ensombrecidos por aquella noche de perros en Eindhoven



