Los Pirineos del Tour son nuestros

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La etapa reina del Tour, la que puede decidir el maillot amarillo, acaba en el Aubisque. Un puerto que nos suena a toda la vida. Un clásico igual que su predecesor de hoy: el Marie Blanque. O igual que otras cimas míticas que son paso obligado casi todos los años: Aspin, Tourmalet, Peyresourde, Menté, Aspet Quizá algunos de estos puertos no sean los más duros. Tal vez otras cumbres menos visitadas, como el recién estrenado Balès o como el Larrau, que también se sube hoy, presenten una exigencia mayor. Pero la historia de la Grande Boucle está en estos nombres, que nos trasladan a una época en la que los Pirineos eran españoles. Recordamos a Vicente Trueba, la Pulga de Torrelavega, ganando el primer Gran Premio de la Montaña. Y el largo reinado de Bahamontes, el Águila de Toledo. Y las galopadas del entrañable Julio Jiménez, el Relojero de Ávila. Y el glorioso período del Tarangu Fuente, de Ocaña, del Kas Y a Perico Delgado venciendo en Luz Ardiden tras el trabajo en cadena de Pepe del Ramo y Cabestany. Y las majestuosas defensas del rey Indurain. Y los chepazos de Escartín para ganar en Piau Engaly. Y
Y hoy queremos añadir a Alberto Contador. Ya tiene un trozo de gloria tras ganar en Plateau de Beille. Pero necesitamos verle coronado en el Aubisque, en los puertos de siempre. En las rampas que hicieron gozar a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nosotros Y que deleitarán a nuestros hijos, a nuestros nietos... España no se entiende sin los Pirineos. Ni sin el Tour.



