Vallehermoso se va de puntillas
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Se nos va Vallehermoso. Como se fue hace unos años el viejo Wembley y más recientemente Highbury. Se fueron, como se va Vallehermoso, no para morir, sino para resucitar. Estos tiempos exigen recintos modernos, espaciosos y cómodos. Más de uno echará una lágrima cuando esta noche se apaguen las luces de Vallehermoso. Pero no es momento para las penas. Más sentirían en Londres la demolición de sus emblemáticos campos, pero la modernización de la ciudad les ha supuesto los Juegos Olímpicos de 2012. Madrid sigue ese camino y Gallardón ya anticipó, refiriéndose al derribo de Vallehermoso: "Va a ocurrir lo que es necesario para que en el verano de 2016 el Rey inaugure los mejores Juegos Olímpicos de la historia".
Lo que sí lamento es que Vallehermoso no se despida con la reunión que se merece. Vallehermoso vivió años grandes del atletismo y por sus pistas desfilaron los mejores del momento. Las gradas reventaban, y no porque Madrid sea una ciudad con afición al atletismo sino porque la gente pagaba su entrada al reclamo de Lewis, de Christie, de Michael Johnson, de Moses (histórica su derrota después de 122 carreras invicto), de Juantorena, de Coe, de Aouita, de Abascal, de González... Quizá ahora no haya atletas tan carismáticos como ellos, pero de los que ahora suenan ninguno viene: Powell, Gay, Isinbayeva, Bekele... Ha faltado un empujoncito más para hacer una gran despedida y evitar que Vallehermoso se nos vaya de puntillas.




