Que no les empape la lluvia
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Una mañana de verano gris, lluviosa y casi diría que hasta triste en gran parte de Alemania. Como todos los años, Mercedes prepara el evento central en el viejo Nurburgring. El legendario trazado estaba sonriente, esperando la llegada de los ilustres visitantes, a pesar de que estaba cayendo bastante agua. Así, el espectacular Mercedes, con el que Caracciola ganó la primera carrera que se hizo en aquel tremendo circuito, terminó empapado, como la mayoría de los presentes. La convocatoria era a las diez de la mañana, lo que luego se aplazó hasta las doce. Los paraguas esperaban a Fernando Alonso y a Lewis Hamilton. Subidos en el histórico biplaza, ambos debían hacer un breve recorrido de ida y vuelta por una de las trepidantes bajadas de leyenda.
Allí estaban los dos pilotos del equipo McLaren, subidos a aquel descapotable. En el puesto de mando, Hamilton ponía cara de no entender mucho de lo que le explicaban para hacer arrancar aquel aparato. De copiloto, y sosteniendo un enorme paraguas plateado, Alonso sólo miraba, sin decir palabra. Al final, y después de una tos ronca, el potente cacharro de casi seis litros y medio de cilindrada se movió titubeante hasta alcanzar una vertiginosa velocidad de crucero. Como era lógico, el paraguas sostenido por el piloto asturiano se perdió por el camino. La situación le obligaba a seguir manteniendo al paraguas que protegía a Hamilton, pero no pudo. Los dos terminaron por regresar empapados. Esperemos que no les pase lo mismo en el campeonato...




