Las amargas lágrimas del 'otro héroe'

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Las páginas del AS están hoy, como el resto de días, inundadas de buenas noticias. De héroes y gestas. De sonrisas. De fichajes más o menos galácticos que ilusionan a los aficionados, de campeones de Europa y del mundo, de vencedores de torneos internacionales, de conquistas o intentos de récords, de deportistas Sub-Algo ansiosos de gloria futura que se presentan en sociedad... Las páginas de ciclismo, cuando el dopaje no pone a prueba nuestra esperanza, también son un desfile de esos héroes y de esas gestas. Ayer, camino de la cima de Tignes, fue el turno de Michael Rasmussen, Iban Mayo, Alejandro Valverde, Alberto Contador, Christophe Moreau, Andrei Kashechkin... A ellos van dedicados hoy los grandes titulares y las fotografías de los periódicos.
Aveces esa foto o ese titular dependen de un suspiro, de un detalle mínimo que te arranca la gloria de cuajo. Eso fue lo que le ocurrió ayer a Michael Rogers. El australiano rodaba en la escapada junto a Rasmussen y era líder virtual. La estrategia de su equipo, el T-Mobile, era perfecta. Por detrás, bien arropado, llevaba a Linus Gerdemann portando el maillot amarillo. Y por delante iba Rogers, el verdadero jefe de filas, un ciclista que ha sido tres veces campeón del mundo de contrarreloj y décimo en el último Tour de Francia. Una caída acabó con su hazaña. Michael continuó sobre la bicicleta como buenamente pudo, pero al final echó pie a tierra con lágrimas en los ojos. Rogers había perdido los titulares del día... Y quién sabe si algo más.



