Mozos atletas en Pamplona
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Han acabado los encierros de San Fermín. En ellos hemos visto participar a gentes de todo tipo: patosos, don tancredos, mozos que corrían tras los toros y también auténticos atletas. De éstos podría haber un centenar. Sobre todo en la segunda parte del recorrido: de la mitad de Estafeta hasta la plaza de toros. No se trataba de atletas en el sentido estricto de la palabra, aunque algunos lo han sido y otros son asiduos a las carreras populares. Pero atletas por su forma de correr y por su preparación. Sobre todo por su preparación. Les veíamos calentar antes del encierro y hacían lo que los atletas de élite: calentamiento y, sobre todo, muchos estiramientos. El músculo tenía que estar flexible y preparado para superar cualquier umbral.
Se ponían a correr ante los toros y practicaban una zancada corta y de alta frecuencia, de velocista. Corta para tener el control en todo momento, pues hay que estar preparado para en un santiamén cambiar de dirección, superar un obstáculo o imprimir mayor velocidad, lo que lograrían aumentando la longitud de la zancada; alta frecuencia para mantener un ritmo alto de carrera, pues los toros, aunque parezca que van despacio, superan los 21 kilómetros por hora de velocidad media. Resistencia, en cambio, no necesitan estos atletas. Las carreras ante el toro no suelen superar los 200 metros. Que ya está bien al correr en condiciones extremas que ponen las pulsaciones a 180. Ahí me gustaría ver a más de un atleta de élite.




