Cuchillos en la espalda del jefe

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El pelotón es un espejo de la sociedad. La vida misma. Hay compañeros fieles, pero también zancadillas y cuchillos clavados en la espalda. Entrega ciega al jefe, o subordinados traidores haciéndole la cama. Gert Steegmans ganó ayer una etapa en Gante que estaba destinada a su líder, Tom Boonen. Después de escuchar las explicaciones de ambos, aún no sabemos a cuál de esas familias pertenece. Ambos celebraron la victoria, pero Boonen aseguró que no se dejó ganar. Que nos lo expliquen... El ciclismo está lleno de ejemplos similares. Esta misma temporada, sin ir más lejos, Enrico Gasparotto le birló la maglia rosa a Danilo di Luca en la contrarreloj por equipos del Giro de Italia, a pesar de que el capitán se desgañitó gritándole que frenara.
También hay historias de lanzadores. Mario Cipollini formaba una pareja letal con Silvio Martinello, hasta que éste ganó la etapa inicial del Giro en 1996 y se encariñó del color rosa. Luego están los gregarios que acaban como jefazos. También la vida misma. Fausto Coppi acabó ganando el Giro de 1940, que había iniciado como currito de Gino Bartali en el Legnano. A Greg LeMond le frenaron en 1985 para que Bernard Hinault ganara su quinto Tour. El Tejón se comprometió a devolverle el favor en 1986. LeMond venció, pero el francés incumplió su palabra de ayudarle, aunque la imagen de ambos cruzando Alpe d'Huez de la mano muestre lo contrario. Más cerca está el caso de Abraham Olano y de Chava Jiménez en la Vuelta de 1998. Nuestro añorado Chava...



