Nadal lo tuvo todo en contra
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A un tenista le molesta el vuelo de una mosca, el click de una cámara de fotos, el espectador que come patatas ruidosamente, el niño que se mueve, no digamos ya la llamada a un móvil. En el tenis hay que estar como en misa para no interrumpir la concentración del jugador. Los jueces árbitro velan por que nada le interrumpa. Reprenden, amonestan y pueden llegar a expulsar al espectador inquieto. Su concentración es lo primero. Como se vaya, uno está perdido. Si será importante, que a veces los jugadores utilizan triquiñuelas para desconcentrar al rival: retrasando el saque, protestando, gesticulando en exceso, simulando dolor, pidiendo permiso para ir al servicio... Se trata de romper el ritmo del partido y, consiguientemente, la concentración.
Un partido de continuas interrupciones es dificilísimo de ganar. Lo hemos visto en el Nadal-Söderling. El peor siempre es quien lleva las de ganar. Söderling, tras verse perdido el lunes a mediodía con un 6-4 y un 4-3 en contra, se encontró vivo por la tarde tras superar un macht point y con esperanzas por la noche al suspenderse el encuentro con 2-0 en el quinto set, tras tres parones. El martes su posición aún mejoró. Con 3-2, nueva suspensión. De verse eliminado se encontró a cuatro juegos de ganar y mejoró todavía más su posición cuando hubo otro aplazamiento con 4-4. Ayer salió a la pista jugándose el pase a los octavos a tan sólo dos juegos. Wimbledon es así de injusto. Pero también hace más fuertes a los buenos. Nadal en este caso.




