Oye, ¿qué le pasa a Juan Carlos?

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A cualquiera que esté metido en el tenis le habrán hecho siempre la misma pregunta: "¿Qué le pasa a Ferrero?". Pues a Juan Carlos le pasa que su brillo fue tan fulgurante en sus inicios que aún nos deslumbra. Entró en nuestras vidas como un relámpago, cuando sólo tenía 20 años y un passing suyo en el Sant Jordi le dio la primera Davis a España en el 2000. Le encumbramos y nos llevó a disfrutar en la final de Roland Garros 2002, donde volvió para ganar el torneo en 2003. Se alzó al número uno. Había ganado mucho, había disfrutado con el tenis y, quizá, no estaba preparado para que vinieran mal dadas. Y vinieron, con una varicela y una lesión costal que le llevaron a caer hasta el puesto 98 del ránking en 2005. Eso significa no ser cabeza de serie en los torneos. Encontrarse a los mejores del momento en las rondas iniciales y darse batacazos que minan la moral. Perdió la costumbre de ganar y, cuando no se es un depredador, es difícil recuperarla.
A demás, otro factor vino a desequilibrarle: la aparición de Nadal. Ya sabemos que los focos se mueven en función de las victorias y estas cayeron del lado de Rafa que, no lo olvidemos, es un fenómeno paranormal. No es justo que allá donde vaya él, con su palmarés, sólo se le pregunte sobre cómo ve a Nadal. Ferrero sigue machacándose en su Academia de Villena (donde vive), incorporó a Perlas por consejo de su segundo padre, Antonio Martínez Cascales, y sólo falta que, por fin, la suerte, las ganas y su tenis de 18 quilates se aúnen para darnos una alegría. Por falta de trabajo no será...



