Propongo un lema: para qué ser uno, si puedes ser el doble
El primer error es considerar la sección de baloncesto del Real Madrid como un aparte, como un estado asociado. No lo es. Como tampoco es un lujo, ni un capricho caro. El baloncesto completa el prestigio del club más laureado del planeta y lo extiende hacia terrenos donde no manda el fútbol. Más allá. Desde ese punto de vista, la sección no debería ser juzgada bajo el único criterio de la rentabilidad económica, sin que eso signifique, obviamente, dilapidar presupuestos. El enfoque es invertir, no malgastar. Invertir en mito, cultivar una personalidad colectiva que se dibuja con el carácter irreductible del fútbol, pero que no sería posible entender sin el estilo universitario del baloncesto y el de quienes lo hicieron grande: de Ferrándiz a Lolo Sáinz, de Emiliano a Fernando Martín. Caníbales con estudios.
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La victoria en la Liga ACB señala un admirable esfuerzo por estar a la altura de las circunstancias, de la historia. El resultado es que ya no hay enemigos a la vista. Quien más se acerca en el mundo a los títulos del Real Madrid de fútbol es el Real Madrid de baloncesto.
Considerado así, el basket no es una sección: es una copia de seguridad, una caja fuerte, un lugar donde guardar los viejos valores del club. Lo ha entendido Plaza y lo ha comprendido también ese formidable equipo que ha jugado al límite de sus posibilidades: el escudo obliga, pero eleva. Sólo le falta una leyenda a ese escudo: para qué ser uno, si puedes ser el doble.



