Una Copa que "pesa un huevo"

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A las 20:45 del pasado domingo (día 17), Ramón Calderón apuraba la previa del decisivo Real Madrid-Mallorca que iba a decidir la Liga de fútbol. Después llegaría el vía crucis, la remontada y el alirón en Cibeles. Ayer, a esa misma hora, celebraba su segunda Liga en siete días. Tocaba el turno al baloncesto, deporte del que se confiesa "apasionado". Título en el Palau, que sabe doble. Lo primero que hizo fue recibir la felicitación de Joan Laporta. Las penas viajan en puente aéreo, así que el doblete blanco no hace sino sacar a flote la tristeza azulgrana.
Mal trago para Navarro, que quizá fuerce su salida, e Ivanovic, a quien la suerte -la misma que esgrimió para justificar el triunfo blanco en el segundo partido- le fue esquiva. "Nos veremos el martes aquí", anunció. Se levantó como un resorte y dejó Vistalegre convencido de que volvería. Este martes, Vistalegre estará vacío. No estará Ivanovic, tampoco Plaza. "Me acuerdo de mi mujer, de mi perra", confesaba Joan. La Copa era suya, aunque estaba en manos de Hervelle. "Pesa un huevo; es como un bebé", decía. Como un bebé hay que cuidarla. Una Liga no se logra todos los días. Y un doblete, menos. Veintiún años, exactamente.



