Dusko, Zoran y el infarto

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Segundo pulso a la final, partido en cuatro dosis. Administrar por vía escrita. Primera: Mumbrú ha llegado a este final de temporada como hizo Beckham en el hermano fútbol. Las lesiones hacen milagros. La larga temporada así no pasa factura por aquello del menor kilometraje y se está fresco cuando la ensalada lo requiere. Bien que lo agradecerá Pepu, si es que Alex está en su lista para el Eurobasket. Segunda: seguir el partido a pie de pista permite ver, en escasos diez metros de distancia, el infarto continuo que viven Dusko Ivanovic y Zoran Savic. El entrenador azulgrana lo protesta todo, vive el basket intensamente, dentro y fuera de la pista. Y el secretario técnico rehuye el palco y la grada, y prefiere observarlo todo desde la bocana por la que acceden los toreros (en Vistalegre) e incluso las ambulancias. Por si acaso Tercera: me hubiera gustado entender lo que le dijo Kasun a Reyes cuando éste le había forzado la falta en ataque y estaba caído en el suelo. Fue un grito. Lo que Dusko le dijo a Kasun al sustituirle acto seguido tampoco lo entendí porque no le dijo nada. Hay miradas que matan, el croata tatuado no volvió en todo el partido.
Y cuarta: Ukic respondió a la confianza que le dio Ivanovic en los momentos del tercer cuarto en que la cosa se ponía difícil. Roko es croata, como Petrovic; tiene el bote de Drazen, pero ni su tiro ni una pizzería en Zagreb. Pero sí su desparpajo. Por algo se empieza. P.D.: de Felipe Reyes no digo nada, que la crónica enterita merece su nombre y apellido.



