Se va con un título debajo del brazo
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Cuando David Beckham jugó en el Bernabéu por primera vez se llevó a casa un título, el de la Supercopa de España y, de camino al parking del estadio, se perdió. Apareció de casualidad por la zona mixta y me preguntó por dónde se salía. Más tarde aprendió a abandonar el Bernabéu por la Puerta B cuando no se sentía a gusto al ver girando los focos hacia su persona. Y, tirando hacia el final de sus cuatro años en la casa blanca, prefirió esconderse. Era el club el que había perdido el rumbo y desconocía el camino de salida. Un poco por casualidad y otro por garra y las elecciones de un entrenador que sólo entiende de presente, el Madrid ha descubierto la senda del éxito. Y esto, en cualquier otra circunstancia, debería servirle a Beckham para admitir que se va demasiado pronto a jugar al parque con los amigos (o sea, a una Liga menor). Incluso podría llevarle a cambiar de idea.
Pero David sabe de finales, de apariencias, de que, como dijo en Sky Sports al poco del pitido final en el partido de ayer, bien está lo que bien acaba. Se siguió muy de cerca el final de nuestra Liga en Inglaterra por la emoción y porque a ellos también se les va (abrazado a un título) un miembro de la familia.




