Calderón, ante su gran decisión...

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Si Calderón tuviese una margarita en sus manos, estaría deshojándola en estos términos: "Schuster, Capello, Schuster, Capello...". He nombrado primero al alemán porque esa fue su elección tras la eliminación europea de Múnich, como ya les informó AS. El presidente quería un entrenador moderno, con talante, talento, pasado madridista y un perfil futbolístico acorde con la cultura del Bernabéu. A Calderón le arropaban las encuestas internas del club y las dudas que Capello generó por su abrupta manera de administrar los casos de Beckham, Ronaldo y Cassano.
Pero la tortilla empezó a dar la vuelta en Anoeta. Fabio decidió bajar al mundo de los mortales, rectificó con Beckham, reubicó a Raúl alejándole de su destierro de la banda derecha y hasta vimos como el doble pivote pasaba a mejor vida dando escaparate al joven Gago. El vestuario captó el mensaje y cerró filas. Y el Madrid empezó a ganar, a ganar y a volver a ganar. Y Chamartín recuperó la ilusión. Y Capello cambió las peinetas por aplausos sentidos hacia la grada. Y los pesos pesados del equipo iniciaron una campaña espontánea defendiendo su continuidad. Y la afición se olvidó de sus pecados en vista de que el orgullo de la camiseta se había recuperado. Por eso, Calderón tiene que afrontar la gran decisión. Su cabeza le pide dar un giro y traer a Schuster. Pero si hay alirón, el italiano habrá cumplido su parte del trato. Y recuerden la sequía de títulos que ha sufrido el Bernabéu por echar al último técnico que ganó una Liga...



