La Tizona de David vale una Liga

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En las películas bélicas tipo Braveheart, siempre aparece junto al jefe del ejército ese guerrero indomable que entra cuerpo a cuerpo con el enemigo con tal entusiasmo que contagia al resto. Si él muere, cunde el desánimo en la tropa y por ahí se empieza a perder el combate. Así es Beckham. Regresó a tiempo en Anoeta para salvar el cuello de su verdugo Capello y para recordar a un vestuario roto que el Madrid es el Madrid y que la Liga estaba a tiro. El inglés también fue reclutado por el tal McClaren, su segundo verdugo del año, para evitar un desastre del ejército inglés en Tallin y allí donó su tobillo mágico para poner dos balones de oro a Crouch y Owen que tumbaron a los estonios.
El madridismo llora sin disimulo el adiós de este jabato que llegó como icono mediático y se irá como icono mesiánico. David saltará al césped de La Romareda como El Cid después de muerto, para acabar con la moral de esa tropa aragonesa tocada en su orgullo tras verse todo el curso en Europa y contemplar ahora el fantasma de la desprestigiada Intertoto. Beckham se merece un monumento frente al Bernabéu. La Liga es sueño y él nos ha alejado de la pesadilla. David, si hoy marcas de falta me baño en pelotas esta noche en Cibeles. Always fieles



