De la guerra a la gloria en un paso

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Suker y Petrovic eran dos desconocidos cuando el representante Francisco Sánchez Sabater informó a Luis Cuervas y a su entonces director deportivo, Rosendo Cabezas (hoy integrante del equipo de trabajo capitaneado pro Monchi) de su existencia. Los sevillistas sólo querían al delantero, pero éste puso como condición para venir al Sánchez Pizjuán que también fichasen a su compañero. Eran tiempos de Guerra de Los Balcanes y la embajada sevillista tuvo que sortear enormes dificultades para conseguir sacarlos de tan conflictiva zona.
Pero aquello mereció la pena. Suker hizo historia con sus goles, lo que le valió el apelativo de 'Sukerman', y aunque Petrovic no tuvo tanta suerte, sí cuajó posteriormente en el fútbol holandés. Su amistad con Cuervas, su carácter alegre, su noviazgo con Ana Obregón, a quien echó el ojo por televisión, forjaron la leyenda de un pedazo de futbolista que marcó toda una época en Nervión. Un grande.



