La señora Victoria y el señor Capello
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Ver a Beckham disfrutando en Wembley me provocó una sensación contradictoria. Resultó una gozada confirmar su estado de euforia futbolística y, a la vez, me recorría una frustración por saber que apenas le quedan tres semanas como jugador del Real Madrid. No encuentro una explicación terrenal a su irrevocable decisión de irse a jugar a Los Ángeles. Siempre he sospechado que la señora Victoria se lo lleva a Hollywood agarrado por los pelos pasándole factura de su impaciente espera en Madrid, que seguro se le ha hecho interminable. Beckham estuvo enorme ante Brasil, rápido de piernas, fresco de ideas, potente, líder del grupo y feliz, sobre todo, feliz. ¿Por qué tiene que renunciar al fútbol de élite?
No me quedan dudas: entre la señora Victoria y el señor Capello se han cargado a Beckham. El técnico le amargó el invierno dudando de su virtudes, castigándole con el banquillo y más tarde enviándole a la jaula de cristal. Afortunadamente el vestuario del Madrid, otras veces enfangado, ha levantado la moral a Beckham para reforzar su confianza hasta límites insospechados. Lástima que sea demasiado tarde para el disfrute del madridismo. Nos conformaremos con guardar para nuestros nietos la foto del 'rubio de oro' en Cibeles y contarles que fue un inglés de ley.



