Últimas tardes con Beckham...

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Sitúense en la sala de embarque del aeropuerto sevillano de San Pablo. Once de la noche del pasado 20 de mayo. Toda la expedición madridista festejaba el épico triunfo en Huelva, con el gol agónico de Roberto Carlos a Laquait. Sólo una excepción. Sonada, eso sí. Beckham, el mejor de aquella tarde triunfal del Colombino, estaba solo, pensativo y con la mirada perdida en un banco situado al fondo. Entre la algarabía, un aficionado llegado desde Guadalajara le ve y se le acerca: "¿Qué te pasa? Pero si te has salido. Hemos ganado por ti". El inglés sonríe con un halo de tristeza y le responde: "Es que esto se me acaba. Cada partido es un adiós para mí. Si llego a saber que iba a disfrutar tanto...". No pudo seguir. Agachó la cabeza y mi amigo Jesús le dio un abrazo sincero. "Bye, David. Nunca te olvidaremos, crack".
Por eso el Inglaterra-Brasil de esta noche tiene un aire de nostalgia. En un lado del ring, regresa Beckham, el caballero de la cancha, el gentleman que mece la cuna cuando golpea la pelota con su bota derecha. El galáctico que se va al otro lado del charco para no volver jamás. En el otro lado del cuadrilátero, Kaká. "Brasileño blanco, o sea, buenísimo", que diría Mijatovic. Otro fino estilista. Otro príncipe con el balón en los pies. Pero él es el que llega. Kaká abre su página de oro. David la cierra. Hasta siempre...



