Ni siquiera fue bonito, pero volverá
Ni siquiera fue bonito. Ni siquiera pudieron disfrutar en Tarragona. El año ha sido tan malo que el regreso a Primera casi 56 años después acaba con un sabor de boca demasiado amargo e, irremediablemente, hay que hablar de fracaso. En lo deportivo, porque el equipo ya estaba (y se sentía) en Segunda desde que empezó a encadenar derrotas con Luis César en el banquillo. Y también porque sólo Javier Portillo ha sido resultado ser un fichaje resolutivo, de los que marcan alguna diferencia. Después, Paco Flores no ha podido mantener el nivel de sus inicios. En el plano social, el fracaso se relaciona con la guerra por la presidencia, la incomprensible marcha de Andreu, el presi del ascenso, y el enfado de una afición que ha acabado harta de todos. Sin excepción.
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Acabado el drama, pasemos al optimismo. El Nàstic volverá, como lo hicieron otros recientemente, como el Recreativo, Levante, incluso el Villarreal. En Tarragona hay dinero, ya llega el tren de alta velocidad y los cuatros grandes momentos del año serán inolvidables: los triunfos ante el Espanyol, el 2-1 al Sevilla, el empate con el Valencia, el 0-2 de San Mamés.
Seguro que alguien va a querer repetir, y logrará que el nuevo alcalde vuelva a sembrar, y que las fuerzas vivas vayan de la mano, que no se desmantele el equipo, que encuentren un entrenador que guste a la Prensa... La experiencia de este año maldito va a ser importantísima. Dicen que segunda partes nunca fueron buenas. Pero al Nàstic sólo le queda volver. Por si acaso.



