Yo digo Juan Mora

Mónaco: obsesión por la pole

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Hay una estadística en la moderna Fórmula 1 que da muchísimas posibilidades de ganar a quien salga primero. Y no digamos ya en Mónaco, donde adelantar es una quimera. Así ha sucedido en los tres últimos Grandes Premios. Vencieron Trulli, Raikkonen y Alonso, quienes habían hecho la pole el día anterior. Mas antes no era así. De hecho, en los cinco años anteriores Schumi dos veces, Coulthard otras dos y Montoya se repartieron las victorias sin salir desde el primer puesto de la parrilla, gracias principalmente a las especialísimas características del circuito, donde cualquier cosa es posible. Hasta que sólo acaben cuatro coches, como ocurrió en 1996, y que el vencedor fuera Panis, quien salió desde la decimocuarta posición.

Esto es lo que convierte a la carrera de Mónaco en imprevisible. Lo ratifican 21 accidentes y 97 retiradas en los últimos diez años. Todo lo que no sea salir en primer lugar es comprar papeletas para una lotería diabólica. Cuanto más atrás, más papeletas se llevan. Como las calles de una ciudad no están hechas para correr, el circuito se encuentra lleno de trampas. A la salida de cualquier curva o del túnel donde Ralf Schumacher se llevó por delante a Alonso, puede esperar una montonera. En Mónaco, el error no perdona. En lugar de escapatorias hay vallas donde estrellarse. Por eso la pole aquí es obsesiva. Y más desde que en los tres últimos años la mayor fiabilidad de los coches la convierte en decisiva. La carrera está hoy en juego.

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