El Waterloo de Riazor fue clave

Noticias relacionadas
El pasado 7 de enero, el Madrid de Capello tocó fondo con una actuación deplorable en Riazor ante un Deportivo que parecía el Ajax de los 70 y un Arizmendi que recordó al Buitre de sus mejores tiempos con sus fintas a Cannavaro, que terminaron ridiculizando al Balón de Oro. Ronaldo jugó esa noche su última media hora con la camiseta blanca. Tras la debacle, Mijatovic y Capello convinieron en que era preciso hacer tabla rasa y vender al crack brasileño como único camino para ver de nuevo la luz. Han pasado casi cinco meses desde entonces y el Real Madrid ha dado la vuelta al calcetín, emocional y futbolísticamente. Ahora es una gran piña, el vestuario ha tapado todas sus grietas y los jugadores matan por verse subidos a Cibeles el próximo 17 de junio.
De hecho, los amigos de la Peña 5 Estrellas colgarán hoy en el Bernabéu una pancarta con una leyenda que rinde justicia al épico esfuerzo que está haciendo esta plantilla para recuperar la ruta de los títulos: "Juanito estaría orgulloso de vosotros". Así es. Este Madrid sí es el que reconocen todas las generaciones de fieles a la religión blanca. Es el Madrid de siempre. Lucha por la victoria hasta el último minuto y jamás se rinde. Pero conviene ser prudente para acabar primero esta excitante carrera hacia el Santo Grial de la Liga. El Depor de Caparrós es un equipo de jabatos y los gallegos ya me provocaron una úlcera el 6 de marzo de 2002 en aquella final de Copa. La fórmula: mucha humildad, orgullo y casta. Hacedlo por Juanito. Hacedlo por el Madrid



