Otra vez la palabra 'amenaza'

Greg LeMond acaba de denunciar, con pruebas, que había recibido amenazas del entorno de Floyd Landis para que no declarara en el proceso de Malibú. Otra vez la palabra 'amenaza' unida al dopaje y al ciclismo. Y van El 1 de agosto de 2001, LeMond recibió una llamada de Armstrong que le recriminaba haber criticado públicamente a su médico, Michele Ferrari. Lance, enfurecido, le advirtió: "Greg, voy a encontrar a diez personas que dirán que tú tomaste EPO". Unos días después, el teléfono de LeMond volvió a sonar. Era Thom Weisel, un amigo de Armstrong, en un tono tampoco muy amistoso: "Greg, sería mejor que tuvieras cuidado". Algo parecido tuvo que oír Filippo Simeoni el 23 de julio de 2004, cuando Armstrong le hizo un marcaje especial y le intimidó durante una etapa del Tour. Su pecado era haber colaborado con la justicia en contra de Ferrari.
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Siempre la palabra amenaza Esta misma semana, Ettore Torri, fiscal antidopaje del CONI, manifestó su sospecha de que Ivan Basso había reculado en su intención de colaborar con la investigación de la Operación Puerto a causa de "presiones externas". Y añadió: "Los ciclistas tienen miedo a daños físicos, porque en una carrera es fácil acabar en una cuneta". 'Miedo', 'cuneta', 'presiones', 'tener cuidado', 'daños'
Estos términos parecen más propios de una novela negra que de un deporte agonístico. ¿A qué se deben estas actitudes mafiosas en una actividad que debería ser ejemplar? ¿Quién induce al pelotón a la omertá? ¿Por qué siempre que alguien denuncia el dopaje desde dentro del propio ciclismo (en España tenemos el ejemplo de Jesús Manzano) recibe amenazas o el vacío? ¿Qué intereses se esconden detrás del deporte de élite para que un atleta se deje envenenar y encima pague por ello? Quizá sea el momento de reivindicar una palabra: 'deporte'.



