Erradicado el virus de Mónaco

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Aconteció en el Imperio de la familia Grimaldi, con el Príncipe Alberto burlándose hasta de su sombra y un equipo liderado por Giuly y el exiliado Morientes destrozando la Torre de Babel creada por Florentino con los Cuatro Galácticos del Apocalipsis y su colección de Balones de Oro. La triste final de Montjuïc estaba reciente aún, Queiroz había perdido el contacto con la nave nodriza y Beckham era sustituido en el once por Borja después de forzar el inglés la tarjeta en el Bernabéu convencidos todos de que este Mónaco era un trámite antes de las semifinales. Después llegaron los golazos del Moro y un sonrojante 3-1 que consumó el principio del fin de aquel Madrid que nos hizo soñar despiertos. Lo peor no fue la eliminación, sino que ahí ya cada uno hacía la guerra por su cuenta. El ex presidente regresaba en un vuelo privado para evitar cruzarse con esos jugadores "malcriados" que le habían traicionado, el técnico se lavó las manos dando dos días libres como 'premio' y el despiporre se consumó.
Unos se fueron a Marbella, otros a la Costa Dorada y el resto se quedó en Montecarlo. Incluso, dicen las malas lenguas que algún brasileño hizo un viaje fugaz a las playas de Copacabana. Conclusión: el virus galáctico se había inoculado en el vestuario y la palabra "compromiso" había sido desterrada. La enfermedad ha cogido ahora el puente aéreo. Por eso, los aficionados madridistas celebran sus días de vino y rosas más allá de los resultados. Si encima ganan la Liga, la juerga durará varios días



