El paraíso de la Quinta y la Novena

Noticias relacionadas
Si el madridismo se despertase un día y el Bernabéu hubiese desaparecido por arte de magia (negra, en este caso), fijo que por votación popular saldría elegido Hampden Park como su nuevo santuario para las grandes noches europeas. Allí, sin faldas pero con once genios locos por el fútbol, el Madrid conquistó el 18 de mayo de 1960 la quinta Copa de Europa consecutiva consumando una hazaña que perdura hasta nuestros días. El Eintracht de Francfort, orgulloso campeón alemán, caía aplastado por 7-3, un tie break sólo al alcance del mejor equipo de todos los tiempos. De hecho, los cuatro goles de Puskas, los tres de Di Stéfano y las internadas de Gento siguen deleitando las Navidades de los ingleses porque todos los años repiten por la BBC la cinta del irrepetible partido.
A pericos y sevillistas podría servirles hoy de inspiración saber que aquí, hace cinco años (el Día de San Isidro de 2002), Zidane firmó el mejor gol de la historia de las finales de la Copa de Europa. Un balón caído del cielo de Glasgow era empalmado de forma magistral desafiando las leyes de la física y del equilibrio corporal. El gol de la Novena. El gol que sigue vivo en nuestras retinas. Hampden Park, el jardín de las delicias



