Yo digo Juanma Trueba

Hugo, el delantero y la ideología

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En algo se parecen Hugo Sánchez y Capello: nunca se les ha querido del todo. Hablo de amor, del madridismo y de una percepción emocional que excluye la consecución de objetivos. No niego el afecto o la admiración, ni siquiera, en el caso de Hugo, la nostalgia. Cómo no sentirla después de 164 goles. Pero no hay pasión, enamoramiento, porque ni aquel ni este fueron matrimonios nacidos del flechazo, sino de la necesidad. A Capello, Hugo, y también a Figo, se les acogió con la precaución que se reserva a los enemigos que fueron odiados. Por eso no menciono a Laudrup, ni a Ronaldo, tampoco a Zidane. Quien piense que el madridismo es rencoroso, se equivoca, porque es justo lo contrario: es leal.

Hugo, que fue un pistolero al servicio del Madrid, defiende la continuidad de Capello con una solidaridad casi gremial. Muchos se plantean ahora el mismo asunto y hay opiniones diversas. Algunos creen que si el equipo gana la Liga es de ley mantener al entrenador. Otros lo ratificarían en cualquier caso y bastantes en ninguno. El dilema contrapone a dos tipos de madridistas: a los que mejor aceptaron a Hugo y a los que más se resistieron a él. Es decir, los que defienden la verdad del resultado contra los que abanderan un tipo de romanticismo que un día fue utilizado como argumento para despedir a un entrenador (Antic) que tenía líder al equipo, pero jugaba feo. No es capricho, es ideología. Hugonotes frente a utópicos. Esa es la cuestión.

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