Goles para enloquecer al Bernabéu
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Sábado 12 de mayo de 2007. Los libros de historia hablarán de otra noche mágica del Real Madrid. Los astros confluyeron para dotar a Raúl, Reyes e Higuaín de la bravura y la sabiduría necesaria para culminar una gran obra. Tres goles que fueron un monumento a la fe, al talento y la bravura de once jugadores y un entrenador iluminados. El Real Madrid hizo una segunda parte perfecta, después de que Capello se lo jugara todo en la ruleta con dos cambios fundamentales: sentó a Guti y a Cicinho para meter a Helguera y Reyes. Un equipo nuevo saltó al campo tras el descanso y justo es decir que el técnico volvió a ganar la apuesta, como ya lo hizo el día del Sevilla. Esta vez, así de cambiante es este negocio, sobraba Guti.
El 'fenómeno rubio' no tuvo su día, maniatado por el Espanyol. La gloria esperaba a Raúl, Reyes e Higuaín, lanzados desde atrás por un Ramos que encarna todos los valores raciales de la historia madridista. Nadie en el Madrid se rindió en cuarenta y cinco minutos apasionantes, en los que tres goles cargados de fiereza trajeron al Bernabéu emociones indescriptibles. No hubo mucho fútbol de arte y toque, que tampoco lo requería la ocasión. Lo que necesitaba el Madrid era remontar y lo hizo con una arma que le distingue en el mundo como mejor club del Siglo XX: el orgullo de quien sólo piensa en campeón y suda sangre hasta conseguirlo.



