Despertares con un cielo blanquiazul

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Vive el perico obnubilado, acaso extasiado, inmerso en el estado de euforia que le rodea en estos días. Acostumbrado a sufrir, a soportar con estoicismo las pullas de sus vecinos culés, el seguidor del Espanyol experimenta una sensación casi insólita. Hace diez días se despojó del fantasma de Leverkusen, que le acompañaba desde que perdió la final de la Copa de la UEFA desechando un 3-0 a favor. La victoria contra el Werder Bremen le devolvía, además, la oportunidad de reparar esa afrenta con el título. Pero el colofón de la embriaguez españolista sobrevino el jueves, con ese 4-0 del Getafe a un rival que prometía "siete títulos" y que, de momento, ha ganado uno: la Supercopa de España, precisamente ante el Espanyol, y con la alineación indebida de Xavi y Puyol, que acababan de renunciar a la Selección por lesiones.
Pero tal bienestar no equivale a pasar hoy por el Bernabéu con la cabeza ocupada en los menesteres de Glasgow. Se equivoca quien lo piense. A Valverde no hay adversario que se le resista este año. Que se lo digan al Atlético, que hace seis días ya zozobró ante un rodillo perico que no se juega nada en la Liga, y que al mismo tiempo lucha por el prestigio perdido. Sentencia Sánchez Llibre que este equipo ha dado un giro a la historia. Ahora no se amilana ante ningún rival: doblegó al Barça, al Ajax, al Benfica, al Werder... y quizá ahora al Madrid. Aunque el sueño perico, ahora que palpa el edén, es que la Liga sea blanca, la Copa sevillista y la UEFA... blanquiazul, como el cielo.



