¿Y el ídolo de nuestros menores?

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La comida de ayer entre Unipublic y AS reunió a doce comensales de diferentes generaciones, todos amantes del ciclismo. El mayor tiene 60 años; el menor, 34. Casi tres decenios de diferencia. En la infancia o en la adolescencia, cada uno se enganchó a las bicicletas y a las grandes cumbres gracias a un nombre. Unos confesaron que se iniciaron con Federico Martín Bahamontes (ahí apuntamos a Alfredo Relaño o Víctor Cordero). Otros, con Luis Ocaña (Chema Bermejo). Los más jóvenes, con Pedro Delgado, el periquismo de los 80 (Javier Guillén, Juanma Trueba, Juan Gutiérrez...). Nadie citó a Miguel Indurain, seguramente porque su reinado ya nos pilló en edad adulta, aunque todos le veneramos y vibramos con sus cinco Tour de Francia. Faltaría más.
Luego llegaron Chava Jiménez, Abraham Olano... Ciclistas que aún disfrutaron del rebufo de los grandes tiempos. Y ahora me preguntó: ¿quién será el ídolo de las futuras generaciones? ¿Habrá chavales que se estén enganchando con Freire, Valverde, Pereiro o Sastre? ¿O los jóvenes de ahora son (fútbol, al margen) de Rafa Nadal, Fernando Alonso o Pau Gasol? La respuesta asusta. La dura competencia de otros deportes emergentes está coincidiendo con la mayor crisis del ciclismo, un deporte al que muchos asocian a otros nombres: Operación Puerto, Festina... Siempre he dicho que la solución al dopaje la tienen los propios corredores. El ejemplo de Millar y los recientes pasos de Basso (aunque sea un sí, pero no) y Scarponi son el camino. Ya no hay marcha atrás.



