El día que viajé con 'El Larguero World Tour'
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Yo estuve allí, y si imprimieran camisetas con esa leyenda me pondría una, para presumir los domingos. "Líbano 2006. El Larguero World Tour". Más que un souvenir sería un trofeo de guerra, porque allí la había, o eso temí. Luego supe que, simplemente, no había paz. Como en tantos lugares. Y también descubrí que la gente era normal y nuestros militares, mejores. Imagino que ponerme en manos del Ejército fue una magnífica forma de liberarme de los prejuicios que me despertaba. Pensé encontrar soldados y descubrí especialistas en cooperación, desactivadores de miedos. Fue una sorpresa descubrir su trabajo y su cariño, como lo fue observar de cerca a Fernando Alonso. No ruge, ni muerde. Aunque tampoco es normal del todo. Es raro tener tanta paciencia y tanta sonrisa y, sobre todo, es extraño que uno de los deportistas más importantes del mundo entregue su tiempo y su esfuerzo en favor de un gesto que sólo significa una cosa: solidaridad.
Pasamos unas horas allí, pero recuerdo la despedida como si hubiéramos convivido con nuestros anfitriones durante meses. Tan entrañable. Aprendí algo: el deporte nos une, y aunque resulte antiguo decirlo, España también.



