El rango de una noche de Champions
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Lo que más impone del Sevilla de Juande es su vocación atacante. Si uno mira la alineación inicial, no ve más que gente capaz de amargar la vida a Casillas. Y aún hay algo más, el técnico dispone de artillería suficiente para dejarse en el banquillo a un tal Kanouté, a un matador llamado Chevantón y hasta a Martí, ese diablo que lleva el balón pegado al pie. La previsión indica que Juande tirará de Luis Fabiano y Kerzhakov como plato entrante, que ya son guindillas como para poner a Ramos y Cannavaro en alerta. Y, no lo neguemos, aderezados por Alves y Puerta, el paisaje se pone más que negro para las aspiraciones del Madrid. Definitivamente, lo chicos de Capello están ante un gigante de la Liga. ¡Y eso que no viajaron Navas, Adriano y Javi Navarro!
Conclusión: el Madrid no puede cometer el más mínimo error ya no sólo en defensa, sino en la medular, donde un balón robado por la máquina sevillista lo convierte en gol en tres pases. Aquí es donde el Madrid debe jugar con otros factores intangibles: el oficio, la bravura, la valentía y el empuje del Bernabéu. El escenario, por situarnos, será como el de una noche de Champions. Así, el partido exigirá de cada jugador madridista rendir al doscientos por ciento: un cien por cien para aportar y otro cien por cien para defender. El Madrid está en condiciones de tumbar al gigante, seguro, siempre que juegue con ese 'espíritu de Beckham' que trajo fuego ante Valencia y Athletic y hoy será fundamental en una batalla en la que nadie va a rendirse.



