Mereció la pena esta aventura

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Que Osasuna lograra eliminar al Sevilla de la Copa de la UEFA para colocarse en la final de la competición europea parecía complicado. Pero todos, y me incluyo, habíamos soñado que los navarros, el 16 de mayo, iban a estar en Glasgow. Pero no. Y es una pena por muchos motivos. Por las caras desencajadas de Ziganda y los suyos al acabar el encuentro y por los ojos llorosos de algunos seguidores. Porque ayer en la Plaza del Castillo no hubo nada que celebrar y los aficionados han pasado mala noche lamentándose de lo que no pudo ser. Porque se rompió el sueño de una ciudad y las ilusiones de un equipo. Porque a los muchos navarros a los que les tocó emprender el viaje de vuelta, nada más terminar el partido, se les hizo más duro el regreso y porque ayer ningún pamplonés recibió un mensaje en su móvil felicitándole por las machada de los suyos.
Pese a todo, no cabe ninguna duda de que esta aventura europea ha merecido la pena porque nos ha dejado momentos preciosos que ningún aficionado rojillo olvidará, como el desplazamiento masivo a Burdeos o el magistral cabezazo de Nekounam en el último minuto de la prórroga que les dio el pase a octavos; o como el día que 'invadieron' Pamplona miles de escoceses o el orgullo que sintió la ciudad cuando Osasuna le marcó tres a todo un Bayer Leverkusen. Si algo ha demostrado este equipo en los últimos años es que está creciendo y si continúa por este camino vivirá más momentos maravillosos.



