Cesc rescata la bandera del fútbol

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Si Calderón, baloncestero él, fichase a Cesc Fábregas sería como meter un triple desde veinte metros. Con el cerebro de los gunners, el Madrid traería un jugador para diez años (no cumplirá 20 hasta el próximo 4 de mayo), lo que engrosaría ese ejército de JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) que dará formato a ese esperanzador proyecto modelado en torno a la muchachada formada por Casillas, Ramos, Metzelder, Torres, Cicinho, Marcelo, Gago, Diarra, Robinho e Higuaín. Cesc es un jugador nacido para el Bernabéu. Con toque, sentido de la orientación, criterio en la distribución y llegada con pólvora.
Cesc es una obsesión de Mijatovic desde la campaña electoral y ahora, con la tocata y fuga de David Dein, se ha abierto la puerta para separar al chico del padrinazgo de Wenger. Además, Cesc es español y vean qué buen ejemplo ha dado este año el Valencia cogiendo esa ruta. Da gusto escuchar al catalán hablar del Bernabéu como si fuese el templo del fútbol mundial. Añado más ingredientes al guiso. Cesc sería un Etoo a la inversa. El Barça despreció su talento y tuvo que exiliarse a Inglaterra para gritar "aquí estoy yo". Si lo contratase el Madrid, llegaría aquí con el afán de revancha que le permitió al camerunés darle dos Ligas y una Champions al Barça. En Londres ha hecho la mili, se ha consagrado como el mejor jugador joven de la Premier después de Cristiano Ronaldo y aterrizaría maduro para liderar el nuevo Madrid. El que recuperará la bandera del fútbol



